11.8.10

Te colaste en mi sueño.

Sola en mi cama, no me sentía arrullada por la oscuridad, sino amenazada por la certeza de otra noche de insomnio. Sin poderlo evitar mi mente volvía a pensarte, mis sentidos a extrañarte y por enésima vez acudía a mi la pregunta que me mantiene en vela y para la cual no tengo aun respuesta o quizás sí la tengo pero no quiero admitirlo. No sé en qué momento me dormí, sólo que me desperté como cualquier día y mientras mis ojos se abrían, mi mente recordaba ese anhelo infinito de sentirme arrullada por tus brazos. Tardé varios minutos en comprender que había soñado contigo y que el sueño me había sorprendido tanto que sentía como real la seguridad que tus brazos me habían brindado toda la noche. Miré la hora y no podía dar crédito a mis ojos ¡las 6 de la mañana! ¡Había dormido de un tirón toda la noche! Me abracé a la almohada en un vano intento de retener el sueño, de volver a sentirme segura entre tus brazos pero, solo conseguí sentir tu ausencia mientras la primera sonrisa del día curvaba mis labios al reparar en que una vez más mi primer pensamiento del día era para ti.
Ya no tengo dudas, ahora sé que es cierto y que sólo tengo que esperar a volver a verte para que mi sueño se convierta en realidad.
Mientras, te mando un beso...



 

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