Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuentos. Mostrar todas las entradas

15.8.09

La fuerza de la vida - D.A

Mi mamá era hija de una pareja de Entre Ríos. Nació y creció en el campo entre animales, pájaros y flores. Ella nos contó que una mañana, cuando era una niña, mientras paseaba por el bosque recogiendo ramas caídas para encender el fuego del horno, vio un capullo de gusano colgando de un tallo quebrado. Pensó que sería más seguro para la pobre larva llevarla a casa y adoptarla a su cuidado. Cuando llegó, la colocó bajo una lámpara para que le diera calor y la arrimó a una ventana para que el aire no le faltara. Durante las siguientes horas, mi madre permaneció al lado de su protegida esperando el gran momento. Después de una larga espera, que no terminó hasta la mañana siguiente, la jovencita vio como el capullo se rasgaba y una patita pequeña y velluda asomaba desde dentro. Todo era mágico y mi mamá nos contaba que tenía la sensación de estar presenciando un milagro. Pero, de repente, el milagro pareció volverse tragedia. La pequeña mariposa parecía no tener suficiente fuerza para romper el tejido de la cápsula que la envolvía. Por más que hacía fuerza, no conseguía salir por la pequeña perforación de su casita efímera. Mi madre no podía quedarse sin hacer nada. Corrió hasta el cuarto de las herramientas y regresó con un par de pinzas delicadas y una tijera larga, fina y afilada que mi abuela usaba en el bordado. Con mucho cuidado de no tocar al insecto, fue cortando una ventana en el capullo para permitir que la mariposa saliera de su encierro. Después de unos minutos de angustia, la pobre mariposa consiguió dejar atrás su cárcel y caminó a los tumbos hacia la luz procedente de la ventana. Cuenta mi madre que, llena de emoción, abrió la ventana para despedir a la recién llegada, en el que sería su vuelo inaugural. Sin embargo, la mariposa no salió volando, ni siquiera cuando con la punta de las pinzas la rozó suavemente. Pensó que estaba asustada por su presencia y la dejó junto a la ventana abierta, segura de que no la encontraría al regresar. Después de jugar toda la tarde, mi madre entró de nuevo a su cuarto y encontró junto a la ventana a su mariposa inmóvil, las alitas pegadas al cuerpo, las patitas tiesas hacia el techo. Mi mamá siempre nos contaba con que angustia fue a llevar el insecto a su padre, a contarle todo lo sucedido y a preguntarle que más podía haber hecho para ayudarla. Mi abuelo, que parece ser que era uno de esos sabios casi analfabetos que andan por el mundo, le acarició la cabeza con dulzura y le dijo que no había nada más que debiera haber hecho, que en realidad la buena ayuda hubiera sido hacer menos y no más. Las mariposas necesitan de ese terrible esfuerzo que les significa romper su capullo para poder vivir, porque durante esos instantes, explicó mi abuelo, el corazón late con muchísima fuerza y la presión que se genera en su primitivo árbol circulatorio inyecta la sangre en las alas, que así se expanden y la capacitan para volar. La mariposa que fue ayudada a salir de su caparazón nunca pudo expandir sus alas, porque mi mamá no la había dejado luchar por su vida. "Mi mamá siempre nos decía que, muchas veces, le hubiese gustado aliviarnos nuestro camino, pero entonces recordaba a su mariposa y prefería dejarnos inyectar nuestras alas con la fuerza de nuestro propio corazón"

27.5.09

Aroma a café - Una historia a muchas manos



El olor a café, aromático y fuerte, llegaba atraves de mi ventana; lo imaginaba sentado en su escritorio, frente a su computadora; sonriendo y releyendo sus escritos, atreves de sus anteojos, con esa mirada verde, felina, hipnótica, bajo las cejas tan varoniles, pobladas y delineadas a la perfección. Imaginaba sus labios finos, con una mueca de ironía masculina y tan sensuales, que se me antojaba besarlos y soñar con ellos, hasta el éxtasis. Me perdía en mis pensamientos, imaginando a ese hombre que vivía debajo de mi apartamento.
Cada mañana era lo mismo, cuando llegaba hasta mis sentidos el aroma exquisito de café recién hecho, le imaginaba degustando cada sorbo y con el mayor de los placeres, aspirar el aroma de un cigarrillo recién encendido, despertando la locura de mis instintos dormidos, llevándome a imaginar y soñar, con ese misterioso hombre; con el que me he cruzado, solo dos veces en mi vida. De él, no sabia casi nada, que era escritor y un ser totalmente introvertido.
Introvertido ¡si! ¿ Cuándo lo había visto pasear o salir por vivieres? No lo recordaba, es más, no sabia si vivía a base de café. La música que se escuchaba salir de su apartamento era igual de hipnótica que él, suave y tan deliciosa que hacia que afinaran mas mis sentidos envolviéndome completamente, no sabia si estaba loca, pero ese hombre me estaba trastornando,hasta la obsesión. Había noches que desvelada, con el cuerpo sudoroso, despertaban mis sentidos, erizando mi piel, sedienta de sus caricias, de sus manos. Las sábanas se adherían a mi cuerpo, transpiraba pasión y deseos incontenibles, ya no tenia paz.
Marco, se paseaba por todo el salón de su lujoso piso, sus pasos resonaban bajo la duela fina, importada de países lejanos, la suave luz de las lámparas de diseño exquisito, le daba un ambiente cálido, entre misterioso y romántico. Pasaba los dedos una y otra vez entre el cabello castaño e hilos blancos, que le daba un aspecto de un hombre interesante, maduro, apasionado. A sus 55 años, le sentaba muy bien la edad, aun se notaba toda la fortaleza de un cuerpo ejercitado, de músculos firmes, piernas largas y fuertes, sus pasos seguros, semejaban a un felino, cautivo y seguro. Esa madrugada daba más vueltas que de costumbre por el salón, no le ayudaba ni escribir y perderse en el mágico mundo de sus escritos, creando maravillosas novelas, las cuales le habían dado, toda la satisfacción y fama. Sus pensamientos, volaban de nuevo al pasado, llevándolo una y otra vez a la escena del día en que perdió a la mujer que amaba. Sus ojos se oscurecían, por el dolor que le causaba ese viaje al ayer, a ese accidente fatal. De pronto, unos ruidos provenientes del piso de arriba, alertaron sus sentidos y lo trajeron al presente, tomando consciencia de su entorno y lo mas raro, de que la chica que vivía en ese piso le atraía como un imán. ¿Quién era ? ¿Por qué esos ojos le habían inquietado desde la primera vez que se vieron de frente, en el elevador del edificio a donde vivían? Imposible fijarse en ella, podría ser su padre, casi le doblaba la edad y él ya era abuelo de dos traviesos y hermosos chiquillos. A su mente vinieron los recuerdos de Daniela y Enrique sus nietos, que vivían con su Madre en Alemania. Esa chica es de la edad de Marietta!! Pensó. Pero desde que la había visto no podía quitar de su mente las curvas de su cuerpo, la manera en que su vestido negro se ajustaba, ese cabello castaño a la altura de los hombros y sobre todo el olor de su perfume. Había pensado en como abordarla, como entablar conversación, pero se sentía absurdo, tonto; sonrió irónicamente pensando en la cantidad de mujeres que se le acercaban, algunas con claras intensiones de llevarlo a la cama, pero aquello era diferente. Era como respirar aire puro y fresco.
Esa mañana, estaba apurado por llevar el último capitulo, de la novela que estaba escribiendo; era importante llegar a tiempo y Marco, era un hombre obsesionado por la puntualidad, estaba mas que nervioso, había olvidado el lugar a donde dejó las llaves de su auto. Era un día lluvioso, exageradamente frío y el sin auto.
- No puede ser, no puede ser- pronunciaba esas palabras a voz baja.
Decidió salir y buscar un taxi, que a esa hora y con esa lluvia, sólo a un loco se le ocurriría tan ilógica idea. Iba saliendo del elevador y de pronto, un rostro femenino se le encajó en el duro pectoral. Vaya, solo faltaba que la chica se desmayara por el impacto
- ¡Qué sorpresas da la vida o cosas del destino¡?- Era ella. Sí ella, la imagen que no se apartaba de su mente y viéndola de cerca, con esos ojos, de expresión tan delicada y esa boca, de comisuras traviesas y esos labios sensuales que se extendieron en una sonrisa nerviosa y ... había algo en esa sonrisa...en esa mirada...¿ o estaba alucinando? Por fin, expresó un
-Disculpeme señorita- con su profunda voz, pausada y acentuada, mirándola a los ojos. En ese momento, le habría encantado perderse en esos zafiros brillantes, en esa boca sensual y roja. Sus cejas negras, delineadas a perfección y ese cabello azabache, enmarcaban aun más su rostro y resaltaban aun mas el azul tan hermoso de sus ojos. Ella sorprendida, por la disculpa de su interlocutor, el motivo de su inquietud;se sintió desarmada en un instante y sin atinar a nada, murmuró:
- No se preocupe, estoy bien-.
El tomó del suelo la carpeta que había caído en el momento del impacto, pero las manos le temblaban, el cerebro no le funcionaba, algo raro estaba sucediendo y ella continuaba mirándole, En un impulso, Marco le preguntó su nombre.
-¿Eh!!! Este!!! - Demonios; que me pasa ? parezco tonta!! Pensó.
- Me llamo Cristina Hernan ;mucho gusto !!
Con disimulo limpio su mano que se empezaba humedecer por causa del nerviosismo. El extendió la suya, temblorosa y en su boca se dibujo una amplia sonrisa. Crisitina que lo encontraba perfecto abrió los ojos enormemente, parecía deslumbrada con esa sonrisa que dejaba ver unos dientes perfectos. Marco trataba de concentrarse - ¡Enfocate!- se dijo. Imposible no encontrarla exquisita con esa ropa deportiva de color blanco que dibujaba su silueta.
-¿Va a hacer ejercicio con el día así como está? -preguntó
- Por qué mejor no me acepta un café?
Ella le miró, sonrió dulcemente y dijo:
- Si.
Cuando Marcos oyó aquella palabra salida de los labios de la chica que tanto había deseado, sintió un dolor enorme en el centro del pecho, apoyó la mano derecha en la pared y poco a poco, cayó al suelo. Al ver, frente a el, a aquella preciosa mujer aceptando su invitación a tomar café, fue tan grande la emoción, que su enfermo y gastado corazón no lo pudo resistir y murió allí, contemplándola.

Autoras:Mayie, Jane y Silvia

5.5.09

El bosque... (una historia a muchas manos)


En una lejana región del Norte de Irlanda, existía un frondoso bosque, donde por años, se había corrido la voz de que habitaban unos seres mágicos. Nadie se atrevió a asegurar si era cierto o solo una leyenda, pero los más ancianos del lugar contaban historias de sucesos maravillosos e inexplicables que eran atribuidos a aquellas mágicas criaturas. Una tarde Juan, cuando se dirigía a la aldea que había al otro lado del bosque, tuvo que atravesarlo. Mientras caminaba entre aquella frondosa arboleda, tenía la sensación de ser observado. Miraba a un lado y a otro tratando de buscar la presencia que percibía sin encontrar nada, a su alrededor sólo veía lo verde de la arboleda. Juan que ya había recorrido un buen tramo de bosque, se detuvo frente a un pequeño nacimiento de agua para lavarse las manos y saciar su sed, al inclinarse para mojarse el rostro, quedó paralizado al ver la imagen que se reflejó en el agua. Ninguna de las historias leídas desde su más tierna infancia le había preparado para aquel rostro de belleza infinita, cuyos ojos le devolvían una mirada llena de ternura y bondad. Su cabello dorado resplandecía como si miles de estrellas lo adornaran y podían entreveres la punta de unas orejas allí donde una plateada diadema recogía el pelo. A Juan ya no le quedaba la menor duda, estaba contemplando el rostro de un elfo de los bosques. Juan se incorporo y giro la cabeza, pero a su alrededor no había nadie. Extrañado volvió a mirar de nuevo el agua, intentando desvelar el misterio, pero fue en vano la imagen no se encontraba ya reflejada en él. Confuso, siguió su camino. Caminaba con cierto resplandor el la mirada, ese brillo, esa imagen.... no podía apartarlos de su mente. Mientras retomaba su rumbo, Juan intentaba buscar de nuevo ese reflejo, pues al haberlo percibido sintió en sus adentros una paz indescriptible, un sentimiento de calma que quería revivir nuevamente. Al cabo de su marcha, Juan fue dándose cuenta que en sus manos habían destellos dorados que comenzaban a notarse máss y más. ¿ Y qué era aquello que escuchaba ? ¿alguien estaba cantando?, no aquella hermosa melodía parecía surgir de los árboles de su alrededor. Cerró los ojos para escuchar mejor y se sintió liviano, etéreo y feliz como nunca antes había sido. Al volver a abrirlos el bosque se había transformado, a pesar de ser casi de noche brillaba una luz que lo envolvía todo haciendo resplandecer las flores, la hierba, las hojas de los arboles. Sorprendido miro a su alrededor y ¡oh! sorpresa unos diminutos seres le rodeaban. ¿Qué eran, de dónde salieron? No salía de su asombro, cada vez más criaturitas le rodeaban sin dejar de mirarlo. Había una en especial que era realmente hermosa, puso su mano en la tierra y esta criatura se deposito en ella, él se la acerco la cara para poderla contemplar mejor.
-¿Quién eres?- preguntó en voz muy queda por miedo a asustarla.
- Soy un hada de los bosques. Has sido elegido por tu buen corazón y tus buenas acciones. A partir de hoy ya no habrá más penas en tu vida. Vete a casa y sé feliz.
Juan así lo hizo, regresó a su casa y desde aquel día no solo fue feliz, sino que hizo feliz a todos los que le rodeaban.

Autoras:Matevay, Mina, Laura de la O. y Arwen
Tag regalo de Beba

13.4.09

La rana Renata


Renata era una rana como todas las demás. Tenía la piel llena de circulitos muy parecidos a los cráteres de la luna, pero mucho más chiquitos y de un color verde amarronado, ojos saltones, y una larga lengua que estiraba para capturar insectos y alimentarse de ellos. Vivía muy feliz en una laguna en las afueras de la ciudad. Cierto día, una familia que por allí paseaba, la vio y le pareció tan simpática que decidió llevarla al jardín de su casa. Renata de repente se encontró en una latita con un poco de agua, que se movía al compás vaya a saber de qué y sin tener la menor idea de cuál sería su destino, se preocupó un poco. Cuando la familia llegó a su casa, la dejó en el jardín, que a partir de ese momento se convertiría en su hogar. Sus ojos saltones miraron ese nuevo lugar: no era feo, por el contrario. Estaba lleno de plantas, flores, algunos bancos de madera, una hamaca y una pileta que Renata confundió con una laguna que le pareció un poco extraña. La ranita no era la única habitante de ese jardín, había caracoles, bichos bolita, gusanos, lombrices, un conejo y dos perritos. También estaban los pajaritos que hacían nido en los árboles y mariposas curiosas que iban de aquí para allá. Los ojos de Renata parecían aún más saltones que de costumbre, todo la maravillaba, todo le parecía lindo, a pesar de ser desconocido para ella. Miraba las cosas con los ojos del corazón, de un corazón bueno, sencillo. Comenzó a saltar chocha de la vida dispuesta a recorrer cada rincón del jardín y hacerse nuevos amigos. Lo que la pobre ranita no sabía era que no sería bienvenida por sus compañeros del lugar. Ninguno de los animalitos que allí vivían había visto en su vida una rana, por lo tanto no sabían bien de qué tipo de animal se trataba y aún menos cómo era Renata por dentro más allá de su aspecto físico. Tampoco les importó mucho que digamos. Todos y cada uno tenían algo que decir acerca de nuestra amiguita. Convengamos que la ranita no era muy bonita que digamos, pero en realidad ¿qué importaba eso?
- Está ………… llena……………………… de …………….. verrugas …………… ¡qué asco!
Dijo Lentón el caracol, a quien le costaba mucho terminar una frase.
- Me quiere imitar todo el tiempo saltando y saltando, pero no va a lograr saltar tanto como yo ¿Vieron sus patitas? Parecen palitos de helado al lado de las mías. Comentó Jejo, el conejo.
- ¿Y el color de su piel? Digo yo, ¿no estará medio podrida? Preguntó una mariposita que volaba por allí.
No sólo ningún animalito del jardín le dio la bienvenida, sino que en vez de preocuparse por conocer a Renata y ver así si podían ser amigos, se ocuparon de criticar no sólo su apariencia, sino todo lo que hacía.
- ¡Es una burlona! Se quejaba Tallarín -un gusanito largo como un fideo- ¿No se dieron cuenta cómo nos saca la lengua?
- ¡Tenés razón! Nos burla a todos, no hace más que sacar esa lengua larga y finita que tiene ¿qué se cree? Agregó Jejo.
- Yo………………………. opino ………………………….. igual.
Dijo Lentón, cuyas frases nunca eran muy largas, porque si no tardaba demasiado en decirlas.
- ¿Y los ojos? ¡Parecen dos pelotitas de golf!! Para mi que los tiene tan afuera para poder mirarnos bien y burlarse mejor. Por ahí algún día se le caen vaya uno a saber. Comentó un bicho bolita.
- Pues le haremos el vacío, si ella nos burla, haremos de cuenta que no existe. Dijo una mariposita.
Lo cierto es que Renata sacaba su lengua a cada rato para alimentarse de insectos, como hacen todas las ranas hechas y derechas y no para burlarse de nadie. Tampoco tenía los ojos saltones para mirar a los demás, sino porque todas las ranas y sapos los tienen. Lo que ocurre, es que nadie se tomó el trabajo de preguntarle, de conocerla bien y así poder saber cómo era la ranita realmente.
Pasado un tiempito, Renata empezó a sentirse muy solita. Intentaba hablar con sus vecinos, pero ninguno le daba bolilla.La ranita quería volver a su laguna, pero por más que saltara lo más alto posible, sabía que no podría llegar hasta allí, ni salir del jardín siquiera.Dándose cuenta que no era bienvenida Renata se metió dentro de un agujero que había en el pasto y trató de salir de allí lo menos posible para no molestar a nadie.Llegó el verano y con él una invasión de mosquitos nunca antes vista en el jardín de la casa. Todos los animalitos se rascaban sin parar, trataban de esconderse bajo una piedra (los que entraban), los perritos en sus cuchas, el conejo en una cajita donde dormía, pero aún así los mosquitos avanzaban sin parar.
- Esto ………… nos ……………………… va …………….a ….. matar!
Decía Lentón dentro de su caparazón.
- ¡Ni saltando los puedo esquivar! Se quejaba Jejo.
- Menos mal que yo puedo esconderme debajo de las piedras. Comentó aliviado Tallarín – pero algún día tendré que salir a buscar comida.
Todos en el jardín estaban muy nerviosos y molestos. La única que estaba feliz era Renata, nunca había tenido tan a mano tanta comida y además estaba muerta de hambre por todo el tiempo que había estado dentro del agujero.Dispuesta a hacerse una panzada, la ranita salto al jardín y empezó a recorrerlo persiguiendo cuanto mosquito se cruzaba en su camino. Con su larga lengua, que tantos problemas le había traído, agarraba todos y cada uno de los insectos que habían invadido el jardín. Al cabo de un tiempo, los demás animales empezaron a ver el resultado de la gran comilona de Renata, no sólo porque la ranita ya tenía una panza que parecía un globo, sino porque ya casi no quedaban mosquitos dando vueltas.
- ¡Nos …………………. salvó……………… la …………. gorda ……… nos …………salvó!
Decía Lentón, quien en realidad quería gritar de contento pero no le salía demasiado.
- No entiendo – decía tallarín- primero nos burla y luego no saca de encima a los insectos molestos ¿quién la entiende?
- ¿Yo qué quieren que les diga? ¡Salto de contento ¡Por fin nos libramos de esos bichos! Agregó Jejo.
En eso intervino Toko, uno de los perritos de la casa, quien hasta ese momento, no se había metido demasiado en el asunto.
- Yo diría que hay que ir a agradecerle ¿no les parece amigos?
- ¿A la gorda llena de verrugas, con color medio podrido y que encima se burlaba de nosotros todos el tiempo? ¡Ni loco que estuviera! Gritó tallarín.
- Es lo que corresponde y es lo que harán todos y cada uno de Uds. o de lo contrario…… me encargué personalmente que ese animal verdoso y feucho no coma más mosquitos.
Toko estaba enojado por la actitud de sus amigos.
- ¿Vamos ……………….. chicos?
Preguntó tembloroso Lentón que se había asustado mucho de sólo pensar que los molestos mosquitos volvieran.
Y allí fueron todos, no muy convencidos por cierto. En una larga fila los más chiquitos primero y los más grandes después, con Toko incluido, fueron a agradecerle a Renata. En realidad iba a empezar a hablar Lentón, pero tardó tanto que Jejo tomó la palabra.
- Mire doña, la verdad es que queremos agradecerle.
Renata no entendía por qué le agradecían, pero de sólo ver que todos sus vecinos se habían acercado a hablarle, le sacaba una sonrisa más grande que su boca misma.
― Perdón, no entiendo. Dijo Renata humildemente. Agradecerme a mi ¿por qué?
- Ud. nos quitó esos molestos insectos, lo que no entendemos es por qué desde que llegó no hizo más que burlarse de nosotros y luego nos ayuda con los mosquitos.
- No……………… entendemos ……………… nada………..doña.
Agregó Lentón.
- ¿Burlarme yo? ¿De quién? ¿Por qué lo habría hecho?
Renata entendía menos aún que sus vecinos. La verdad es que en ese jardín todo era un malentendido. Eso pasa cuando las personas no se comunican y entonces no se conocen.
- Vamos confiese, dele sacar esa lengua, dele que dele, todo el día sacándonos la lengua ¿se cree que no la veíamos?
- ¿Eso…………… se ……………….. cree………?
Lentón no pudo terminar la frase porque Tallarín lo interrumpió.
— No sólo que nos sacó la lengua todo el tiempo, sino que para poder burlarse mejor, sacaba esos ojos que tiene bien para afuera.
— Lamento desilusionarlos vecinos, pero yo no me burlé de nadie. Me llamo Renata, mis ojos son así saltones de nacimiento y la lengua la sacó para casar insectos. Si alguno de Uds. se hubiese acercado a hablarme o me hubiera dejado a mi acercarme, nos hubiéramos conocido y hubieran sabido bien cómo es una rana.
— ¿Una……………………. qué?
Preguntó Lentón que ya empezaba a sentirse avergonzado.
— Una rana caballeros, soy una rana con ojos saltones como todas las de mi especie y con una lengua larga que uso sólo para alimentarme y no para burlarme de nadie.
Muy dolida Renata se fue a su agujerito, aunque ahora le costaba más entrar porque estaba mucho más gorda por todos los mosquitos que se había comido. Todos los animalitos quedaron en silencio. Sabían que habían actuado mal. También sabían que si se hubiesen presentado ante Renata el día que ella llegó, jamás hubieran pensado que se burlaba de nadie. Hubiera sido tan fácil, sin embargo no lo hicieron. Ahora, ante el dolor de Renata, se daban cuenta el daño que habían hecho. Sin necesidad de decir una palabra, uno por uno, otra vez en filita se acercaron al agujerito de la rana. No hizo falta ponerse de acuerdo, pues todos querían hacer lo mismo.
– Doña Renata se nos olvidó algo. Dijo Jejo con voz un poco temblorosa.– _Pedirle……………………….. perdón. Agregó Lentón.
Con esta esa última palabra, simple pero muy grande, Renata salió de su agujerito dispuesta a darles a sus vecinos una nueva oportunidad.
Al cabo de un tiempo, los dueños de casa trajeron una lagartija. Los animalitos del jardín nuevamente veían un espécimen que no conocían. Sólo que esta vez actuaron diferente. Y una vez más, todos en filita, Renata incluida, se acercaron Al nuevo habitante, pero en esta ocasión para presentarse y darle la bienvenida.

Desconozco el autor

Eternidad


La casa está a oscuras, encantada por su ausencia, envuelta en el sonido de los insectos y las ranas; se diría que ese sonido es lo único que existe ahora donde antes había un lugar con una casa. Me acerco con lentitud hasta tocar la puerta y abrir. Una vez adentro, la presencia de las ranas y los grillos se desvanece. Camino hacia el interior y permanezco inmóvil en el centro de esa inexistencia oscura y silenciosa; sereno el aliento hasta casi extinguirme también yo. En ese instante de abandono perfecto, una cadencia de respiraciones infantiles, pequeños quejidos de muebles cansados, una discreta gota de agua, un reloj, y otros ruidos mínimos forman una composición incomprensible. Acerco despacio el oído al pecho de las criaturas que duermen elementales, escucho los corazones ininterrumpidos. Y me pregunto qué es esa eternidad en las respiraciones crédulas y los indiferentes corazones de los seres que duermen cuando llego en la noche.

-Diego Tatián -
Tag regalo de Silvia

La historia de Don Casi


Había una vez en lo alto de un pueblo muy lejano, una casa muy grande y bonita. La casa tenía enormes rejas de oro, y dentro un inmenso jardín con una variedad inimaginable de flores, las flores más hermosas y raras, las podíamos encontrar ahí.
En medio de ese esplendoroso jardín había una fuente de la cual brotaba agua cristalina.El dueño de esa casa tan grande, era un hombre al cual le gustaba mandar y gritar; este hombre se llamaba Casimiro y todas las personas que trabajaban para él le tenían mucho miedo. Las personas lo llamaban respetuosamente “Don Casi”.Don Casi, no tenía familia, ni amigos y siempre parecía estar enfadado, pues andaba con el ceño fruncido.Un día, paseando por su jardín, pasó cerca de la fuente y encontró a una niña bebiendo agua. Al verla, Don Casi, empezó a gritar:-“¡Oye niña! ¿Qué haces ahí bebiendo agua de mi fuente?”.A lo que la niña respondió:- “Disculpe usted señor, es que pasaba por aquí y no pude evitar acercarme al ver las hermosas flores desde afuera, así que como la reja estaba abierta, entré para contemplarlas, luego vi el agua saliendo de esta hermosa fuente y como tenía un poco de sed me acerqué a beber un poco…”-“¿Sí? – respondió Don Casi- “No me importa si te gustaron mis flores o si tenías sed, niña apestosa; lo único que quiero es que te largues de aquí”.La niña al sentirse insultada, solo le respondió :- “Señor , tiene usted la soberbia de un caballo y la lengua de un reptil” – Luego de decirle esas palabras, salió del lugar.
Don Casi, siguió caminando refunfuñando amargamente : “Niña tonta, ya me arruinaste el paseo, será mejor que vaya a descansar”. – y así lo hizo – se dirigió a la casa y subió a su habitación, se acostó en la cama y se quedó dormido.A la mañana siguiente, al despertar, Don Casi empezó a gritar para que le traigan el desayuno; en eso se abrió la puerta y la empleada al entrar a la habitación, tiró la bandeja con el desayuno y empezó a gritar asustada; en eso llegaron las demás personas que trabajaban para Don Casi y lo que vieron los horrorizó. En la cama había un animal con cabeza de caballo, cuerpo y lengua de serpiente ; todos trataron de golpearlo y matarlo pero el extraño animal empezó a arrastrarse y escapó.El extraño animal se arrastró y arrastró tan rápido que no lograron alcanzarlo, hasta que cansado se detuvo cerca de las orillas de un río, al acercarse a beber agua y ver su reflejo empezó a gritar y llorar : - “No puede ser…me he convertido en una horrible criatura…Yo Casimiro…¿Y ahora qué hago?En eso el agua del río empezó a elevarse y comenzó a hablarle: - “Casimiro, Casimiro; ayer una niña se acercó a beber agua y tú la insultaste, ese es tu castigo por malvado”.Casimiro respondió: - “Sí, lo recuerdo; pero estoy arrepentido…”El agua del río dijo: - “Si estás arrepentido busca una flor de siete colores, ve a la plaza del pueblo, busca a la niña que insultaste y entrégale la flor; promete que aprenderás a tratar bien a la gente, si lo haces de todo corazón volverás a tener tu aspecto de antes, si tu arrepentimiento no es real, te quedarás tal y como estás ahora…¡Ah! pero tienes solo hasta el medio día de mañana”.Casimiro se apresuró para ir en busca de la flor de siete colores, no sabía si esa flor existía o no; las horas pasaban, ya había recorrido casi todos los lugares donde había flores; pero le faltaba recorrer un lugar: “Su jardín”.
Se dirigió a su jardín cuidando de no ser visto por la gente, empezó a recorrer todo el lugar y cuando ya estaba perdiendo las esperanzas vio la flor de siete colores, la sacó cuidadosamente de la tierra cuidando de no dañar las raíces y se dirigió al pueblo.El reloj del pueblo empezó a dar las once campanadas y Casimiro aún no llegaba a la plaza…Las fuerzas casi empezaban a abandonarlo hasta que llegó a la plaza y todas las personas que estaban ahí empezaron a gritar y a correr muy asustadas. La niña que estaba también en la plaza corría aterrorizada, pues esa extraña criatura, la empezó a perseguir a ella. De pronto se detuvo, pues tenía a esa horrible cosa delante de ella… estaba paralizada, sin saber qué hacer, temblando, transpirando… El extraño animal (Don Casi) empezó a hablar y dijo:- “Por favor no te asustes, soy Don Casi; me convertí en este horrible ser porque te traté mal ayer y sé que a muchos también los he tratado mal; ahora estoy arrepentido, les pido que me perdonen pues de ahora en adelante, prometo respetarlos y no ser un viejo gruñón”.
Al terminar de decir esas palabras, colocó la flor delante de la niña… cayó desmayado y lo que ocurrió asombró más aún a las personas, ese extraño animal empezó a transformarse hasta convertirse en Don Casi.Cuando despertó Don Casi empezó a mirarse para ver si realmente había recobrado su aspecto anterior y al darse cuenta de que así era, empezó a saltar y a abrazar sonriente a todas las personas.Miró a la niña, la abrazó con una ternura insospechada en él, cuando se separó de ella; la niña tomó la flor de siete colores, le empezaron a salir unas alas en la espalda, se elevó y suspendida unos segundos en el aire, miró a Don Casi, le sonrió, besó la flor de siete colores, le guiñó un ojo y se marchó volando por los aires.Desde ese día Don Casi ya no fue el mismo; sonreía, trataba bien a las personas, abrió las rejas de su casa para que todos pudiesen ver sus flores y beber agua de su fuente.

-Gaby Higashionna-
Tag regalo de Graciela

11.4.09

Recuerdos de Primavera ... (una historia a muchas manos)

Mis recuerdos me llevan a tiempos casi olvidados. Tiempos de juventud pasada. Días primaverales , llenos de ilusiones y fantasías. Cuando agarrados de la mano, paseamos por los jardines del Retiro. Tardes primaverales, bajo los árboles centenarios, testigos de nuestras primeras muestras de amor que nos llevaron a aquellos primeros besos y caricias que nos estremecían el alma. Tardes que volaban mientras me perdía en tu mirada, tan dulce y pícara que creía estar mirando, a través del espejo de tus ojos, toda la inmensidad del universo.
Recuerdos que llegan de pronto cuando recibo el aroma de las flores atraves de mi ventana, cuando el sol extiende sus brazos y posa un beso en mi frente, un recuerdo que a veces siento se hace casi olvidado, pero que no se marcha, siempre permanece en la piel de mis emociones que se visten de recuerdos azules y melodías de encanto. Recuerdos que acompañan mis días. Días en que se me hace tan difícil vivir sin ti, en los que el recuerdo me estruja el alma, porque a cada paso, a cada momento, no hago otra cosa que pensar en ti, en lo que fue hermoso y hoy es solo un doloroso recuerdo. Porque el destino, ese compañero incierto que nos acompaña siempre, quiso que te perdiera, que me quedara sola con los recuerdos de aquella vida que compartimos. Hoy sin ti, amor mio, ni siquiera me parece mía.
Por eso, la primavera siempre me trae recuerdos y añoranzas que no quieren ser enterrados, que reviven en estos días de primavera!. Anhelo sentir de nuevo aquellos primeros besos y dulces caricias que nos obsequiamos en aquel jardín... ¡saudades! ¡Oh cuánta ilusión, fantasía y esperanza!. Ingenuidad de juventud.

Autoras: Graciela, Matevay, Mina, Silvia M., Lalilura y Arwen
Tag regalo de Silvia

10.3.09

El Eco de la vida

Un niño y su padre, estaban caminando en las montañas. De repente, el hijo se cae, se lastima y grita: -¡Hooola!Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: - Hooola!
Con curiosidad el niño grita: - ¿Quién está ahí?.Recibe una respuesta: - ¿Quién está ahí?.
Enojado con la respuesta, el niño grita:
- Cobarde.
Y recibe de respuesta:
- Cobarde.
El niño mira a su padre y le pregunta:
- ¿Que sucede?
El padre, sonríe y le dice:
- Hijo mío, presta atención. Y entonces el padre grita a la montaña:
- Te admiro.
Y la voz responde:
- Te admiro.
De nuevo, el hombre grita:
- Eres un campeón.
Y la voz le responde:
- Eres un campeón.
El niño estaba asombrado, pero no entendía. Luego, el padre le explica:
- La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestra acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres una sonrisa en el alma, da una sonrisa al alma de los que conoces. Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso exactamente aquello que tu le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti, alguien dijo:“Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando…”

_____________________________________________
Tag regalo de Scarlett. Gracias por todos tus lindos regalos, t.q.m.

Soledad... bienvenida a casa...


Soledad… -bienvenida a casa-, le dijo ella mientras le abría los brazos y la estrechaba contra su pecho. En el ambiente se respiraba una tranquilidad en donde podías percibir el cantar de los grillos, el silbido del aire que se filtraba por las ventanas, el ruido de las hojas que cascabeleaban al contacto con el viento.
Ella cerró la puerta y puso doble llave, para que la calma no se escapara de la habitación. En la mesa, dos lugares preparados para compartir una cena con ella, dos copas vacías que se llenaban con las ausencias que hoy le sabían a gloria y las disfrutaba plenamente como cuando un niño saborea un delicioso dulce sabor a frambuesa.
Presurosa le ayudó a tomar asiento haciéndola sentir en casa, le acomodó los cojines de la silla y le puso la servilleta entre las piernas, por fin, una cena que compartiría con su amada soledad; charlaron largo rato acerca del pasado, rieron con sucesos vividos y lloraron secándose las lágrimas una a la otra, tomadas de la mano se miraban a los ojos y disfrutaban cada segundo de la compañía que hoy compartían mientras se decían cuanto se habían extrañado.
En un segundo travieso a Tana se le resbaló el tirante del vestido y su hombro atrapó inmediatamente la mirada de la Soledad, acariciándole la piel le preguntó… - ¿volvió a hacerlo?- Tana presurosa cubrió su hombro intentando ocultar, pero su Soledad había logrado ver el dolor que Tana escondía en una sonrisa. Una lágrima rodó por su mejilla y le respondió… -pero no volverá a tocarme mas-…. – él se ha ido- e hizo una pausa en donde un escalofrío se dejó sentir, un silencio agobiante que irrumpió la armonía del momento.
La soledad le acarició el hombro y le besó la herida, puso fomentos para tratar de hacer que deshinchara su brazo, entonces, se dio cuenta que no sólo el hombro lo tenía herido, todo el cuerpo estaba invadido, tenía las manos aún marcadas en la piel, el color rojo intenso que se percibía en su cuerpo y las heridas que aún sangraban, quizás el dolor mas intenso era el del alma quien había agonizado una noche antes en esa misma habitación.
Hoy, Tana se había llenado de fuerzas para denunciar por fin tantos años de prisión que vivía con él, quién al casi dejarla desfallecida entre los brazos de la muerte, le había hecho tanto daño, Tana y su Soledad se compartieron un fuerte abrazo, lloraron intensamente, pero hoy, Tana celebraba en compañía de la soledad, su libertad….
Por mi y por todas las mujeres que como Tana, viven ocultas en la oscuridad y el miedo, aterrorizadas por la incertidumbre de morir una noche cualquiera en manos de su compañero. Un grito entre mis murmullos por todas, y una letra que se eleva a decir....... “UNAMOS LAZOS CONTRA LA VIOLENCIA”

“Mina… por mi, por ti, por ellas….” 6/marzo/2009
________________
Muchas gracias Mina por permitirme publicar tu relato. Puedes deleitarte con sus escritos en Murmullo de Mina
El tag es un regalo de mi querida amiga Beba.

Peces de colores


Había una vez un acuario. Un hermoso acuario en el que cientos de peces vivíanen paz. Todos ellos eran de colores muy distintos, de especies muy distintas,pero sabían vivir respetándose, dándose cariño unos a los otros, conviviendo.Por el acuario pasaban muchos peces, algunos vivían años, otros menos, otrosapenas horas, y cada día había algún pez nuevo en sustitución de otro que poralguna razón hubiera muerto la noche anterior.
Un día al acuario llegó un pez verde, un pez grande, gordo, cuya mirada y formade moverse en el agua denotaban que no era como los demás. En cuanto pasaron losdías todos los peces del acuario fueron viendo como trataba a los demás peces,como poco a poco fue haciendo que algunos otros que antes eran de vivos coloresfueran cambiando al mismo color del pez grande de la mirada tenebrosa. Un colorverde…verde oscuro.Y de ahí que algunos peces de colores protestaran al pez grande por su trato ypor lo que les estaba haciendo a sus semejantes. Un buen día alguien se diocuenta de que todas las noches uno de estos peces de colores desaparecía delacuario, desaparecía para siempre.Nadie sabe donde estarán esos peces ahora, posiblemente en el lodo, enterrados,allí donde solo hay la nada, y cada día en el acuario un pez de colordesaparecía para dar paso a otros verdes y gordos, los que ahora eran los amosdel acuario, los que estaban gordos de tanto comer y no dejarles nada a losmulticolores, los que tenían el mejor sitio del acuario, los que más tiempovivían.. y cada vez que un pez rojo desaparecía cientos de lágrimas caían delos ojos de sus semejantes, mezclándose con el acuario, haciéndose coral.Y he ahí que un día el coral consiguió enredar a uno de los peces verdes, ya queal estar tan gordos no podían salir de los enredos del coral, y cada día laslágrimas hacían más coral y más peces verdes morían enredados, hasta que ningúnpez verde pudo sobrevivir al coral de las lágrimas de los que vivían en ellodo…Y en el acuario sigue vivo el recuerdo del coral para nunca olvidar el éter, ellodo, la nada donde los que lucharon ahora están.Un buen día todo empezó a ser como antes.
_________________
Tag regalo de la divina Beba

1.12.08

Cuento de invierno


Nadie me desmintió la primavera, ni el ardor de las ascuas, ni el oro de la fiesta. Pero hace muchos años que habito en esta choza en medio del bosque, donde las ramas hablan sin motivo, los silencios son crueles y en los sueños más bellos se cobijan los lobos. Tal vez sea la casa de la
bruja, o quizás la posada de las ánimas. No lo sé; lo he olvidado como se olvida uno las luces y las sombras de costumbre, o acaso me confunda con el rincón para las penitencias o con el apeadero de los vientos. Aquí los días tiemblan, tormentosos, porque les temen a las noches; nunca se
asoma el sol, siempre acosado por los largos colmillos del invierno, y todo cuanto amé se disolvió en las nubes o me fue arrebatado por unas alas pálidas que llegan y se van y en cuyas duras
plumas se guarece tal vez la eternidad.
¿Cómo llegué a esta cueva sin calor y sin misericordia?
No he dejado guijarros ni migajas de pan como señales de luz para el regreso.
¿Y hacia dónde volver, si todos los caminos me devuelven aquí, como en los laberintos de los niños perdidos?
Aunque quizás no vuelva de nuevo a este lugar sólo porque algún vértigo me aspire, sino porque lo llevo adherido a mis pies, a mi propia condena. Lo anticipó la niebla girando con mi paso en el jardín; lo anunciaba el reflejo de esta casa todavía remota en el estanque; lo confirma el chirrido
de tu llave en la puerta del oxidado amanecer, cuando ya te aproximas, cuando ya me olfateas, cuando llegas.
Sí, tú, la enemiga invisible con corazón de perro, sombra de cuervo, rastro de serpiente; la voraz que consume un poco cada día esta mano que asomo a través de la jaula, a través de mi cuento, hasta el otro final.

_Olga Orozco_
____________________________________
Tag regalo de Scarlett. Muchas gracias, es precioso.

25.11.08

La muñeca Periquita


María no quería jugar a las muñecas. Su tío Perico le preguntó porqué, y ella le contestó que esas muñecas eran muy aburridas, porque no hacían nada.
- ¿Y qué quieres que hagan? - preguntó el Tío.
- Que canten.
- Hmmm. Vamos a ver - dijo el tío, y se fue con la muñeca a la casa del vecino inventor.
Al rato volvió con la muñeca llena de cables. Entonces, apretó un botón... y la muñeca empezó a cantar como Maria Isabel.
- Qué bonito – dijo María. - ¿Cómo lo hiciste, tío?
- Muy sencillo, - dijo el tío muy contento - le pusimos dentro un grabador con un cassette.
María estuvo escuchando el cassette unas dieciocho veces, y después se empezó a aburrir de nuevo.
- ¿Y ahora qué pasa? - preguntó el tío.
- Ya estoy aburrida, tío - dijo la niña-. ¿No puedes hacer que la muñeca se mueva?
- Vamos a ver - dijo el tío. Y se fue de vuelta con la muñeca a ver al inventor.
Poco después volvió con la muñeca, la sentó en el suelo y... ¡sorpresa! La muñeca se movía sentada.
- ¡Qué chupi! – dijo María. - ¿Cómo lo habéis hecho?
- Muy fácil - contestó el tío. – Le hemos pegado un coche a pila atrás.
Y la pequeña se puso a jugar un rato con la muñeca que se movía sola.
Pero después se le acabaron las pilas, y María se empezó a aburrir.
- Tío, ya me aburrí otra vez - dijo -. Yo quiero una muñeca que hable, cante, salte, juegue al escondite y a las figuritas.
- Muy sencillo - dijo el Tío - y se fue con la muñeca.
Al rato volvió el vecino inventor con una enorme muñeca en una carretilla.
- Aquí está la muñeca que pediste - dijo el vecino - Se llama Periquita.
- ¡Qué bonita! - dijo María- y se puso a jugar con la nueva muñeca.
Periquita era muy divertida y podía hablar, andar, cantar, jugar al escondite, a las figuritas y a la pelota. No se le acababan nunca las pilas y lo único que necesitaba era un bocadillo de jamón con tomate o mortadela, un refresco y un café, cada hora y media.
Cuando vino el padre de la niña, esta le enseñó a Periquita.
- Muy bonita tu muñeca nueva, - dijo el padre. - Pero te tengo que contar un secreto: en realidad, Periquita es el tío Perico, disfrazado de muñeca.
- No lo digas en voz alta, papá. - le contestó la niña-. Yo ya me había dado cuenta, pero si se lo decía al tío, se iba a quitar el disfraz y yo me quedaba sin muñeca.
- Ah, qué lista, entonces yo también voy a hacer como que no me doy cuenta.- dijo el papá.
Y María siguió jugando con Periquita el resto del día sin aburrirse.


¿Cuál es la moraleja de este cuento?
..................................................................
Tag regalo de Scarlett. Gracias divina.

22.11.08

La cena de Nochebuena

Ésta es la historia de un cocinero que debía preparar una sabrosa cena de Nochebuena. Había trabajado tanto durante los meses precedentes que se vio abandonado por la inspiración, precisamente en la época más importante del año. Pasaba el día pensando e ideando menús navideños, sin que ninguno de ellos lograra satisfacerle. Así llegó la víspera de Navidad y él seguía huérfano de ideas. Tan cansado estaba que le pudo el sueño y se quedó dormido sobre la mesa de la cocina, rodeado de libros y cuadernos de recetas. Se vio convertido en un orondo Papá Noel con su abultado saco al hombro, y viajando a bordo de un bello trineo que se deslizaba silencioso por la nieve al son de un dulce tintineo de campanillas. Desconocía el lugar al que se dirigía, pero intuía que el trineo conocía su destino. Porque debo decir que el vehículo que le transportaba no era tirado por ciervos ni por renos, sino que únicamente se desplazaba guiado por una fuerza invisible. Una vez finalizado el viaje, el trineo se detuvo ante una rústica casita en el bosque, de cuya chimenea escapaba un inmaculado y cálido humo blanco. Llamó a la puerta y ésta se abrió al instante, sin que nadie apareciera tras ella. Entró en la casa y halló un bello salón decorado con toques navideños que provocó en él una profunda y hogareña sensación. Un pequeño abeto le hacía guiños junto a la chimenea encendida, cuyos troncos crepitaban e iluminaban la estancia con sus llamas, y de la que colgaban unos calcetines de bellos colores, esperando ser llenados de regalos. En el centro de la estancia, una acogedora mesa, bellamente dispuesta y con las velas encendidas, esperaba ser cubierta de manjares. No había nadie a su alrededor, y sin embargo se sentía acompañado por presencias invisibles que él percibía, aún sin verlas. Depositó el saco en el suelo y se dispuso a abrirlo. Desconocía lo que podía albergar y por un momento sintió que su corazón latía con más fuerza. Se sentó en una mullida butaca junto a la chimenea y con manos temblorosas empezó a extraer el contenido. Lo primero que apareció fue una bella sopera con una reconfortante Sopa de Crema, hecha con una gallina entera, aderezada con unos diminutos dados de su pechuga. Levantó la tapa y una oleada de vapor repleto de aromas empañó sus gafas. Después, un dorado y casi líquido Queso Camembert hecho al horno, con aromas de ajo y vino blanco, acompañado de un crujiente pan hizo que su boca se llenara de agua. Hundió la nariz en él y lo depositó sobre la mesa. Su tercer hallazgo fue una Pierna de Cerdo rellena con ciruelas pasas y beicon ahumado que venía acompañada de un sin fin de guarniciones, a cual más apetitosas: cremoso puré de patata aromatizado con aceite de ajo y con mostaza, salsas agridulces y chutneys irresistibles, compota de manzana con vinagre y miel... ¡de ensueño! Dispuso la inmensa fuente en el centro de la mesa y aspiró los intensos aromas que aquella sinfonía de contrastes culinarios le ofrecía. En un rincón del salón, reparó en una mesita auxiliar dispuesta para los postres y allí colocó un crujiente Strudel de Manzana y nueces y una espectacular Anguila de Mazapán, una dulcera de cristal que albergaba una deliciosa Compota de Navidad al Oporto y un insólito Helado de Polvorones. Apenas podía creer lo que estaba sucediendo, se sentía embargado por la emoción. El menú tocaba a su fin y comprendió que era hora de abandonar aquella cálida casita, para dejar que sus moradores disfrutaran en la intimidad de las exquisitas viandas que había traído en su saco. Pensó que los manjares se enfriarían si no lo hacía pronto, pero comprendió que el calor, material y espiritual, que invadía todos y cada uno de los rincones de la estancia se encargaría de mantenerlos a la temperatura adecuada. Como toque final a su visita, llenó los calcetines de la chimenea con figuritas de mazapán, polvorones y turrones, que sin duda harían las delicias de los niños... y de los menos niños. Le despertó el borboteo de un caldo que había dejado en el fuego y que amenazaba con desbordar el puchero. Era ya de madrugada, pero aún tenía tiempo de ponerse manos a la obra y elaborar el menú de la casita del bosque. La fuerza invisible que guiaba el trineo no era otra cosa que el amor que el cocinero sentía por el mundo de la cocina.

::::::::::::::::

Este cuento me la ha mandado mi amiga Isabel, para recordarme que hay que ir pensando en el menú navideño. Desconozco el autor.

11.6.08

El árbol que no sabía quien era

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales.
Todo era alegría en el jardín; y todos ellos estaban muy satisfechos y felices. Excepto por un solo árbol, profundamente triste.
El pobre tenía un problema: no daba frutos. "No sé quién soy," se lamentaba.
- Lo que te falta es concentración,- le decía el manzano,- si realmente lo intentas, podrás tener deliciosas manzanas. ¿Ves que fácil es?
- No lo escuches,- exigía el rosal.- Es más sencillo tener rosas y ¿Ves que bellas son?
Y desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. ES tu enfoque lo que te hace sufrir.
"No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo. Conócete a ti mismo como eres. Y para lograr esto, escucha tu voz interior." Y dicho esto, el búho se fue.
"¿Mi voz interior...? ¿Ser yo mismo...? ¿Conocerme...? " Se preguntaba el árbol desesperado. Y se puso a meditar esos conceptos.
Finalmente, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior diciéndole:
"Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros y belleza al paisaje. Eso es quién eres. ¡Sé lo que eres! Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces todo el jardín fue completamente feliz, cada quien celebrándose a sí mismo.
 

• Plantilla: Searchopedia

• Convertida para Blogger por TNB

• Diseño: Arwen